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Saturday, November 18, 2006
LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA (libro III)

Libro III, primera parte.

Breve resumen

Manifiesta Boecio el dolor por la que considera la desigual fortuna que debe ser sanada con remedios demasiado ásperos que no rechaza, sin embargo, muestra su interés por seguir siendo consolado “estoy dispuesto a oírte más” a lo que la filosofía responde “quiero llevarte a la felicidad verdadera”.

Al iniciar su discurso sobre la felicidad, la filosofía invita a Boecio a una purificación interior necesaria para que lleguen al alma los bienes verdaderos. Describe la felicidad como la suma de todos los bienes “el bien supremo”, estado perfecto del alma que todos los hombres se esfuerzan en alcanzar a través de un deseo implantado por la naturaleza en el corazón de los hombres a quienes sólo el error desvía hacia falsos bienes.

Para la filosofía, hay hombres que creen que el bien supremo significa no carecer de nada, anhelan el poder supremo, otros creen que el bien supremo es llegar a los más altos honores y dignidades, sueñan con la fama, para otros, está en la alegría y en el gozo que esta dicha suprema produce, desean nadar en delicias, confunden los fines con los medios, desean las riquezas por el poder y el placer o ansían el poder por el dinero y la fama. Atribuye los amigos verdaderos “don divino” no al dinero sino a la virtud. “¿Hay alguna ayuda en los amigos que depara la fortuna y no la virtud?”. No descalifica totalmente que se entiendan como formas de felicidad las riquezas, honores, poder, fama y placeres con los que se pretende alcanzar independencia, respeto, celebridad y alegría, en todo esto, los hombres coinciden en la elección del bien como meta.

De una manera muy poética, se exalta el poder de la naturaleza que da armonía y estabilidad al mundo, la libertad aparece como camino hacia la felicidad verdadera y como único orden establecido y duradero, aquel que une su principio con su fin, convirtiéndolo en un círculo inmutable.

Falsa y engañosa es la felicidad que producen el dinero, honores y demás bienes porque, aún con ellos, siguen faltando muchos bienes importantes. Boecio mismo no se sintió nunca satisfecho ante el bienestar temporal que le producían las riquezas, pues éstas, aunque satisfacen la necesidad no la suprimen totalmente, lejos de ahuyentar la necesidad, la provocan.

La filosofía interroga a Boecio y lo coloca a él mismo como ejemplo en la búsqueda vana de la felicidad. De igual manera, los cargos que proporcionan honorabilidad y respetabilidad carecen de la belleza propia de la dignidad. La filosofía le hace ver a Boecio cómo el malvado envilece los cargos que ostenta y los contagia con su contacto. Para la filosofía, personificada por Boecio, en un anhelo latente por hallar un verdadero consuelo, no puede ser felicidad aquella derivada del poder pues sería admitir que es tan efímera como aquel poder que al disminuir hace sobrevivir la desgracia.

Verdadero poder se alcanza dominando las pasiones y no dejándose doblegar por el yugo innoble del placer. La fama es considerada aquí como un carisma popular que no tiene base sólida ni firmeza suficiente para mantenerse estable.

Sólo el padre de todas las cosas, como uno solo que lo dispone todo y que es origen de todo, sólo Dios visto como creador, podrá dar verdadera felicidad, mientras el hombre no reniegue de su origen ni se entregue a los vicios.

Tampoco los placeres del cuerpo cuyas ansiedades y satisfacciones terminan en remordimientos, puede ser un camino de felicidad, sólo produce tristeza. Ni siquiera la mujer y los hijos son ocasión de verdadera felicidad “dichoso en su desdicha el hombre sin hijos”.

Ante Boecio se muestran argumentos convincentes que advierten los males que encierran estos caminos de felicidad. Importante conclusión en el discurso sobre la falsa felicidad es que “las cosas que no pueden dar la felicidad que prometen, ni todas ellas juntas llevan a la perfección, ni son el camino para la felicidad, ni pueden por sí mismas hacer feliz a nadie”. La felicidad se define como posesión del sumo bien, estado que no conoce la ansiedad, la tristeza y que no está sujeta al dolor y al sufrimiento. Boecio a pesar de tener una comprensión de todo lo que la filosofía le ha expuesto, clama por una razón más clara.


LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA

Interpretación hermenéutica

Nos parece importante, en primer lugar, tener en cuenta que en la consolación por medio de la filosofía, personificada en Boecio como una dama sabia, se describe un estado de contemplación muy similar a las experiencias místicas cristianas. Descubrimos una semejanza particular entre el método de
Boecio y el del Poema de parménides. De igual manera, el texto hace referencias a la filosofía heracliteana y a los principios de la filosofía platónica. Boecio parece preocupado por conciliar todos estos puntos de vista con el fin de elaborar una síntesis que logre convencerlo a él mismo y alcanzar así un verdadero camino hacia la felicidad.

La presentación de los argumentos de Boecio, se plantea por medio de un diálogo con la filosofía que aparece aquí como persona asumiendo una actitud activa frente a las inquietudes y necesidades de Boecio, sumido en un estado de angustia lejos de la comodidad, de toda dignidad y del bienestar que le proporcionaban la estabilidad económica y demás beneficios de los que gozaba antes de encontrarse en el estado actual.

Sin ser muy explícito, Boecio plantea una gran decepción frente a la amistad; “¿Hay alguna ayuda en los amigos que depara la fortuna y no la virtud?“; “El amigo que se acercó en el tiempo de la prosperidad se tornará, enemigo en la hora de la desgracia”, “¿qué peste hay más mortífera que un amigo convertido en enemigo?, parece que Boecio tenía en gran estima la amistad y había experimentado cierta plenitud en la manifestación de este sentimiento. La amistad que para él era un medio para alcanzar la felicidad y que en otro tiempo se constituyó en fundamento de su vida cotidiana, se tornaba ahora en motivo de desdicha que le hace quejarse ante la filosofía convertida en una dama que busca darle el más grande y verdadero consuelo. Boecio no confía ya en los hombres, no quiere encontrar respuestas planteadas por percepciones humanas por eso debe personificar a la filosofía evitando de este modo caer en engaño.

Aproximación en la actualidad

En “La consolación de la filosofía” Boecio personifica al hombre actual, inquieto y deseoso de encontrar la verdadera felicidad a través de un camino eficaz. Como en aquella época el hombre actual se ha dejado engañar por lo que se constituye en caminos que permiten, de algún modo, experimentar ciertos grados de felicidad, riquezas, honores, poder, fama y placeres. Estas son las palabras utilizadas por Boecio hace siglos, cuya significación es perfectamente aplicable en el contexto actual.

El hombre de hoy desea estar feliz o sentirse bien y por eso busca la felicidad en estados transitorios o lugares equivocados, obteniendo como resultado una frustración constante. Es difícil para el hombre moderno descubrir, entender que la felicidad no está en las cosas ni en los estados mundanos. Hoy más que nunca se hace necesario un pensamiento inteligente capaz de intuir lo que hay más allá de los placeres efímeros y de los gozos caducos que obtenemos en nuestra experiencia cotidiana por medio de las cosas materiales.

Necesitamos que el hombre entienda que las cosas son transitorias, y que cuando cambian, la felicidad que habíamos basado en ellas también se desvanece. Sin embargo, parece que no queremos saber, preferimos creer que si conseguimos esto o aquello, la felicidad o el bienestar estarán a la vuelta de la esquina.

Estamos saturados de ejemplos que nos muestran cómo actualmente se trata de conseguir la felicidad, cada uno de nosotros es el mejor ejemplo, pues, aunque quizá los medios y nuestras situaciones particulares nos impidan tener acceso a los grandes caminos que constituyen vías equivocadas de felicidad, hemos basado la nuestra, en cosas efímeras y transitorias, por ejemplo, para muchos de nosotros la felicidad depende del bienestar económico, para otros depende de una situación afectiva vivida a plenitud, otros basan su felicidad en el reconocimiento y aprobación de los demás, en el hecho de conseguir cosas, se crean de esta manera dependencias de tipo material y afectivo que en algún momento causan profundas decepciones que el hombre de hoy manifiesta fácilmente en tendencias autodestructivas.

Cómo hace de falta a cada hombre moderno una dama sabia como la filosofía capas de dar respuestas acertadas, convincentes y determinantes que permitan descubrir el verdadero camino de felicidad. Pero más que una dama sabia que nos explique cómo se llega a la felicidad y qué es la verdadera felicidad, el hombre de hoy necesita darle sentido y trascendencia a su existencia, redescubrir su espiritualidad en una afirmación de Dios, sin ningún temor.

Si tenemos en cuenta en el contexto actual la respuesta que ha dado la filosofía a Boecio planteando que solo Dios visto como creador podrá dar verdadera felicidad, tendríamos la mejor respuesta al relativismo moderno que odiosamente trata de prescindir de Dios como un ser personal capas de hacerse uno con cada uno de nosotros. El concepto de Dios es la base de un pensamiento sabio, por eso, si aspiramos a la felicidad desde la base de un pensamiento sabio, está claro que nuestra aspiración debería estar dirigida a aquello que no está sujeto a las idas y venidas de la vida.

La mayor parte de las religiones actuales están bajo la influencia de la ideología moderna, que va en contra de los principios religiosos.

En realidad el hombre actual en la búsqueda de la felicidad no he hecho más que dejarse engañar por una aparente libertad. El hombre moderno está atado a cadenas que no han sido impuestas por nadie, las cadenas, la cárcel moderna, es buscada con pasión, la prisión del hombre actual tiene unas celdas que llevan nombres específicos: fama, placer, erotismo, exaltación de la imagen, poder, riqueza, dominio, materialismo, relativismo, anarquía, una gran lista de situaciones, estados y tendencias que se han creado como vías de acceso a una vana felicidad, pero que limitan la libertad del hombre.

¿Qué respuesta podemos dar hoy a aquellos hombres?, no a aquellos hombres, pero a nosotros mismos, que necesitamos saber ¿dónde está la verdadera felicidad?, ¿Qué es la verdadera felicidad?, ¿Quién puede dar verdadera felicidad? , ¿daríamos como respuesta un argumento anticristiano?, ¿negaríamos a Dios como principio y fundamento de esta felicidad?.

La respuesta a las inquietudes del hombre actual no puede ser otra que la que nos da la luz de una auténtica y verdadera fe, no sustentada por fundamentos meramente piadosos sino por una experiencia real, personificada en situaciones concretas convertidas en experiencias, como diría Pablo VI “El hombre de hoy escucha más a quien da testimonio que a quien habla, y si escucha a quien habla es porque da testimonio”, en fin, el hombre de hoy necesita testimonio, necesita que el mismo hombre capaz de transparentar en su vida la experiencia de un Dios personal, se constituya en una respuesta eficaz que garantice la posibilidad de alcanzar por la vía de la fe, la verdadera felicidad.


 
posted by angel roberto duarte at 6:20 AM ¤ Permalink ¤


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angel roberto duarte
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